EL GUIRRIA DE SAN JUAN DE BELEÑO
San Juan de Beleño se ubica en la
zona oriental de
Asturias, en el concejo de
Ponga, que auna tradición y paisaje diverso, alberga el Bosque de Peloño y una rica arquitectura regional. Se
conservan las formas de vida tradicionales y entre sus costumbres
ancestrales, destaca la del Guirria, que da lugar al desfile más
antiguo de Asturias. A continuación se relatan las impresiones
del GUIRRIA del 2.004.
Soy yo, el Guirria. Rey por un día. Lo
acordamos entre todos los solteros la última noche del año y
otra vez me tocó ser el Guirria de la parroquia de San Juan de
Beleño, en Ponga. No fue la primera vez, pero sí la última, en
que el primer día del año vestía el atuendo naranja y azul, la
careta blanca, la larga barba negra, el capirote, el palo y el
bolso cruzado lleno de ceniza para arrojar a los mozos. Eso,
ceniza para ellos y muchos besos para ellas. Fue la del 1 de
enero del año 2.004 mi última salida para dar vida a este
ancestral diablillo, porque el Guirria y los aguinalderos sólo
pueden ser mozos solteros. Cambio de estado, señores. Pero nadie
me reconocerá. Como mis antecesores, nadie podrá conocer mi
identidad y menos las mozas, a las que perseguiré en busca de un
beso. Me puse la careta y la magia del Guirria me invadió. Yo,
el que era antes, desaparecí. Salí de las escuelas de Beleño.
Había unos veinte aguinalderos mozos a caballo esperándome.
Mucho público. Los niños aguinalderos iban en nueve burros. El
público me esperaba impaciente, pero yo sólo podía correr y
besar a las mozas. Este año incluso me lo pidió alguna. Los
niños aún se asustan al ver al Guirria por su imagen un tanto
diabólica, pariente de los zamarrones de Lena, de los guirrios de Antroxu. Se lo noté en
sus caras. La ceniza la tiré a unos cuanto mozos, más bien a
muchos. Recorrí todo Beleño. Desde que salí de San Juan hasta
Cainava fui en caballo con Adriano, uno de los aguinalderos. Al
llegar a Cainava entré en todas las casas abiertas y besé a
todas las mozas que pude. Me ofrecieron en todas de comer y
beber, al igual que a los jinetes que cantaron sus coplas con
deseos de felicidad para todos los vecinos, aunque yo fui por
libre y anduve a mi antojo de una y a otra casa. Los mozos del
pueblo participaron en el aguinaldo, incluso los que viven lejos,
como Álvaro Mones, que vino a pasar las Navidades desde Hong
Kong, y Bernardo Gutiérrez, desde Londres, cumplieron con la
tradición. El día no podía ser más lluvioso y frío, pero la
tradición del Guirria, cuyo origen se pierde en la historia,
manda. Dicen que es, tal vez, la primera fiesta de Asturias. Los niños cenaron ayer con su aguinaldo y
el día de Reyes será la cena de los mozos. La esencia de la
fiesta sigue siendo la misma y así lo confirman los más viejos,
aunque hubo años con más aguinalderos y con más corbatas, como
se denomina a las castañas guisadas que se hacen para la fiesta.
La gente fue espléndida con la comida y la mayoría de puertas y
ventanas estuvo abierta esperando mi llegada, como cada año. El
anecdotario del Guirria, ese que escribimos entre todos los
guirrias que fuimos, dice que hubo alguno que dejó más huella
que otros por la contundencia de sus actos para lograr un beso.
Entradas por ventanas o balcones a casa de las mozas que huían e
incluso derribo de un tabique para llegar a la habitación donde
se había escondido la poseedora del anhelado ósculo. El pasdo
día 1 de enero del 2.004 no tuve yo que llegar a tanto, sólo se
escapó alguna y hubo algún grito con risas al verme llegar
corriendo. Huyeron, pero conseguí el beso. Tras finalizar en
Cainava regresé a Beleño, donde recorrí casa por casa hasta
bien entrada la noche. Al volver a la mía sentí que al
desprenderme del traje, ese mismo que vestirá a otro mozo del
pueblo el próximo año, me desprendía al mismo tiempo de una
magia ancestral, de una energía irresistible que me dio fuerzas
para correr, saltar y besar con el nacimiento del año. Mi tarea
como Guirria ha concluido, pero el personaje revivirá el
próximo año. Y los siguientes. Hasta el final de los tiempos.
He dicho.
No es San Juan de Beleño el único lugar en que se celebra este festejo antiquísimo. Los guirrios, zamarrones, sidros, etcétera, eran habituales en las aldeas y «caleyas» asturianas entre Navidad y Carnaval, pero se fueron extinguiendo, al tiempo que el mundo rural se desvanecería: el guirria de Beleño es un extraño y feliz caso de supervivencia. En el valle de Iguña, en la montaña santanderina, se celebra la fiesta de la Vijanera o Viejanera el día de Reyes, que Julio Caro Baroja considera «muy semejante a la de los guirrios», dentro de lo que se pudieran denominar «danzas salvajes». En el libro «Crónicas del poniente castellano», de Avelino Hernández, Miguel Manzano e Ignacio San, se describe de una fiesta de invierno, celebrado en Riofrío, en la cuenca de Alisle en la que, por una parte, participan personajes llamados los Diablos, que ejecutan labores que recuerdan a las del guirria (van cubiertos de pieles de animales, bailan con todas las bailadoras, dan saltos sirviéndose de pértigas, etcétera) y por otra, unos personajes fijos (el Galán, la Madama, el del Tambor, y dentro de otra facción llamada de los Filandorros, el Molacillo, el Ciego, la Gitana y la Filandorra), que parecen sacados de una «comedia de sidros». Estos personajes representan un drama, siempre el mismo, en el que intervienen los Diablos o Carochos, con sus máscaras y cencerros. En esto se diferencian de la fiesta de Beleño, donde el guirria va por su lado y los aguinalderos por el suyo, sin mezclarse.
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