Origen de Don Pelayo e inicio de la Reconquista.

 

¿Cuál es el origen de Pelayo?

La Crónica de Alfonso III, en su versión "a Sebastián" alude expresamente a la huida hacia Asturias y más allá de los Pirineos de los supervivientes de la batalla de Guadalete (711). Entre los que se acogieron a la tierra de los asturianos figuraría, según dicho texto, Pelayo, nombre romano, a quien se hace hijo del duque Favila. En la redacción Rotense, se indica que Pelayo era espatario (equivalente a un guardia de corps actual) de los reyes Vitiza/Witiza y Rodrigo. La crónica Albeldense, nos presenta a Pelayo en Asturias, viviendo como un particular en el valle de Cangas de Onís, quizás dedicado a la cría del asturcón /caballo fuerte y pequeño muy apreciado por los romanos, tras su expulsión de Toledo por Witiza , donde se encontraría en el tiempo en que los musulmanes ocuparon la Península y se limita a decir lacónicamente que "una vez que España fue ocupada por los sarracenos, éste (Pelayo) fue el primero que inició la rebelión contra ellos en Asturias". Los historiadores recientes, suponen, que Pelayo era de origen godo con fuerte arraigo familiar entre los astures, siendo conocido por los clanes que habitaban aquellas montañas. Sánchez-Albornoz indica que Pelayo era miembro de una familia caída en desgracia, simple individuo de la guardia real, teniendo un cargo demasiado secundario. La crónica Albeldense, cuenta que por un motivo ocasionado por la esposa, Witiza golpeó en Tuy (Galicia) con un bastonazo la cabeza de Favila, padre de Don Pelayo, lo que produjo después su muerte. Cuando Witiza ocupa el trono de su padre, Pelayo fue desterrado de la ciudad de Toledo, a causa de lo ocurrido con su padre y se une a su tío D. Rodrigo.

Hay quién supone que el Duque Favila (padre de D. Pelayo) pertenecía al linaje de los reyes Recesvinto y Chindasvinto, y que tenía el ducado de Cantabria y por tierras asturianas, en donde Pelayo habría vivido, de hecho las crónicas  atribuyen posesiones de D. Pelayo en Siero y Piloña. Por ésta razón, es muy probable que después de la derrota en la batalla de Guadalete en vez de huir a Narbona (Francia) como la mayoría, lo hiciese a Asturias en donde había vivido y tenía parientes, amigos....

Pelayo fue proclamado rey a la manera visigótica: alzándole sobre el escudo, como en los tebeos de Asterix. Claro que el título de rey no tenía el mismo sentido que ahora. Pelayo fue elegido según los métodos de la Monarquía goda, por una parte electiva y por otra parte hereditaria. En la Monarquía asturiana se dan estas dos facetas, Gracia Noriega lo compara con el rey Arturo. Son reyes fundadores de dos monarquías que luego serán constitutivas del mundo moderno: España e Inglaterra. Arturo es un personaje casi por completo legendario, mientras que Pelayo es un personaje histórico con aspectos legendarios. Tal vez por eso sobre el rey Arturo existe una literatura amplísima y muy buena, y sobre el rey Pelayo es de andar por casa cuando no decididamente mala.

Ambrosio de Morales y otros, presentan a Pelayo trasladando de Toledo a Asturias los tesoros y reliquias del Arca Santa, que el arzobispo Urbano le confió y fueron depositadas en el monte sagrado /Montsacro, para posteriormente ser depositadas en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo.

 

 ¿Por donde penetraron los musulmanes en Asturias?.

Sánchez-Albornoz ha reconstruido el itinerario de las expediciones musulmanas de conquistas del NO de España, en su mayoría siguiendo las vías romanas. En Asturias penetraron a través del Camín Real de la Mesa, se trata de una antigua vía romana que va por la zona alta, evitando así las emboscadas, tuvo gran importancia militar en aquella época e iría por (León – Torrestío (León) – Puerto de La Mesa (Asturias) que está cerca del Puerto de Ventana - Puerto de La Magdalena – Puerto de San Lorenzo – Cuevallagar ( con preciosas vistas de la Sierra del Aramo, Oviedo, valle del Trubia, etc..) – Valle de TrubiaOviedoGijón.

Nos presentan como gobernador a cierto MUNUZA, musulmán berebere,  "compañero de Tarik" cuya autoridad se extendería a todas las tierras de esas Asturias transmontanas. De él dice la Crónica Albeldense, coincidiendo con el texto rotense de la alfonsina, que "cumplía en la ciudad de Gijón las órdenes de los sarracenos sobre los astures". En Asturias, viviría Pelayo sometido a la autoridad del prefecto musulmán, gozando de tranquilidad por su sometimiento y acaso asumiendo ciertas responsabilidades sobre su propia región y su pueblo.

 

 ¿Cuál pudo ser el motivo desencadenante de la insumisión de Pelayo?

La crónica "Rotense" dice que enamorado Munuza de la hermana de Pelayo, amores que éste no veía con buenos ojos, el gobernador decidió enviarlo a Córdoba "con el pretexto de una comisión". Aprovechando ésta ausencia, el musulmán se une en matrimonio con la hermana de Pelayo, provocando la reacción de éste. Hay quien opina, que se unió a ello, algún tipo de conflicto relacionado con el pago de tributos a los nuevos gobernadores musulmanes. Pelayo se ve forzado a escapar del acoso de las tropas encargadas de su captura y están a punto de prenderle en Brece y logra ponerse a salvo cruzando el río Piloña, refugiándose en las estribaciones de los Picos de Europa, sintiéndose seguro en aquella fortaleza natural , "un gran monte cuyo nombre es Auseva", dice la Crónica rotense de Alfonso III, e "hizo correr sus órdenes por entre todos los astures", alentándoles a la insumisión contra los dominadores musulmanes y siendo elegidos por aquellos "su príncipe". "A Sebastián" altera profundamente los pasajes, hace de Pelayo un caudillo elegido por la propia nobleza visigoda refugiada en la región. Lo más probable es, que aquella rebelión haya tenido una raíz popular, por otra parte los historiadores musulmanes Isa al-Razi e Ibn-Hayyan se refieren al caudillaje de Pelayo, sin aludir para nada la intervención en ella de la nobleza visigoda. Según Sánchez-Albornoz y otros historiadores, indican que el comienzo de la rebelión y del principado efectivo de Pelayo sobre los astures, debe situarse en el año 718, coincidiendo con el valiato de al-Hurr, año en el que tradicionalmente se venía datando el encuentro de Covadonga. Debió de mediar algún tiempo entre el estallido de la rebelión y las campañas emprendidas por los musulmanes para sofocarlas, pues a Córdoba no causaba ninguna inquietud, por lejana e insignificante y por tener empresas más urgentes que atender, como la consolidación del dominio sobre la Península y el avance por la antigua Galia Gótica. En el 721, es designado valí de al-Andalus para suceder a al-Samh, sucesor a su vez de al-Hurr y muerto en combate contra los francos, el yemení Anbasa, que regirá los destinos de la España musulmana hasta el 726. Es entonces cuando se decide la expedición de castigo para reducir a los rebeldes ástures y reintegrarlos a la obediencia

 

 La expedición de castigo.

Debió de ponerse en marcha en la primavera del 722, la comandaba Alqama y figuraba entre sus acompañantes el obispo Oppa, dicen que era hijo del rey Vitiza, cuya fracción, enemiga de D. Rodrigo, apoyó la entrada de los musulmanes en la Península (tal como indicó José Luís). Los primeros encuentros entre los musulmanes y rebeldes, debieron ser favorables a aquellos, pero Pelayo y los suyos, buenos conocedores del terreno, se repliegan en el valle de Cangas de Onís, los atraen hacia la parte más angosta del mismo, cerrada ya completamente por el monte Auseva, último y ventajoso refugio de los fugitivos. Allí tuvo lugar el encuentro final y decisivo entre los musulmanes y los astures, según las dos versiones de la Crónica de Alfonso III que nos habla de la "coba dominica" (Covadonga). Ésta versión la refuerzan los historiadores árabes. Los ástures dominaron el terreno desde la cueva excavada en la roca del monte Auseva, infligieron una derrota a las tropas musulmanas, muchos encontraron la muerte entre ellos el jefe Alqama y otros fueron hechos prisioneros, como el obispo Oppa. Cortada la retirada hacia Cangas de Onís, una parte de los musulmanes huyeron hacia el sur (Vegas de Buferrera y Enol, puertos de Ostón, cruzan el Cares, ascienden hasta Amuesa, Bulnes, puertos de Aliva y valle de Liébana, siguen el curso del río Deva hasta Cosgaya donde, dicen las crónicas, que hubo un desprendimiento de tierra/sliping/argayu, que sepultó a muchos musulmanes e hizo que otros perecieran ahogados, aunque las crónicas lo atribuyen a la intervención de la divina providencia. Munuza, conocedor del descalabro musulmán, huyó de la ciudad marítima de Gijón, trabando combate con los ástures y encontrando la muerte él y su tropa en el lugar llamado Olaliense, que lo ubican en el Concejo de Proaza, valle del río Trubia. Lo cual quiere decir que pretendían huir por la ruta más directa, que accedía a la calzada romana de La Mesa.

 

 Después del triunfo.

El reino de Asturias se consolida  como una alternativa al emirato de Córdoba, y se identifica con la Cruz, el orden, con le esencia del a Hispania romana y goda, frente al invasor extranjero.

No quedó ningún musulmán en las Asturias transmontanas, poblándose la tierra y restaurándose las iglesias, así aparece en la Crónica "a Sebastián" la figura del rey asociada a dos funciones:

  • La reorganización del poblamiento.
  • La tutela de la iglesia.

Pelayo establece el centro de poder en Cangas (Cangas de Onís), próximo a Covadonga, quizás por posible vinculación familiar a la zona, muy romanizada, y con toda seguridad, cristianizada antes de la insumisión. La propia geografía favorecía la elección, bien protegida por su proximidad a los Picos de Europa le daba carácter defensivo, ante posibles ataques.

Poco tiempo después se asocia con sus vecinos los cántabros. La versión rotense de la Crónica de Alfonso III dice:

<< Poco tiempo después (del encuentro en el lugar Olaliense) vino a Asturias Alfonso, hijo de Pedro, duque de los cántabros, de linaje regio. Tomó por esposa a la hija de Pelayo, llamada Ermesinda. Este junto con su suegro y también después, logró muchas victorias. Y entonces, por fin, volvió la paz a la tierra >>.

Nada sabemos de esas posibles batallas a las que alude y de las que no se hace mención en la refundación erudita de esa crónica ni en la Albeldense. Tanto ésta como la crónica regia coinciden en la datación de la muerte de Pelayo en la era 775 (año 737), tras diecinueve años de reinado. Con posterioridad algunos escritos sobre incursiones musulmanas en terreno asturiano, así se citan las campañas dirigidas por Hisham I en 794 y 795 contra el reino ovetense, acaudillado entonces por Alfonso II el Casto, y que seguirán también en el retorno a sus bases sureñas..................

 

NOTICIAS

Pelayo y Abamia: entre la historia, el mito y la tradición (24 diciembre 2007. Tres prestigiosos historiadores asturianos reflexionan sobre Abamia, Pelayo, la batalla de Covadonga, el primitivo reino de Asturias y las mil vueltas que se puedan dar a una realidad remota, sobre la que apenas hay trazos para juzgarla con la objetividad que la historia como ciencia requiere, pero que va mucho más allá del universo de leyendas y mitos.

Luís Suárez, catedrático emérito de la Autónoma de Madrid, no entiende «que pueda haber polémica sobre los restos de Pelayo, ¿cómo va a haber constancia? No tenemos la menor idea de dónde está enterrado Pelayo. El gran problema de mucha gente hoy en día es la fantasía. No puede hablarse tampoco de una tradición importante que fije el lugar de enterramiento. El Romanticismo planteó habitualmente estas cosas». Suárez considera que «incluso se cuestiona la misma figura de Pelayo aunque al respecto hay más certeza. Una certeza relativa, claro. Figura en una crónica musulmana que habla de Pelayo, luego confirma su existencia y dice además algo muy importante, habla de Pelayo el romano, el rumi. Y es que Pelayo es un nombre romano, no es un nombre godo. Cualquiera sabe, aunque estuviese en la corte del rey visigodo podría haber sido descendiente de alguna de las grandes familias del rey visigodo», «tampoco tenemos mucha seguridad de qué ocurrió en Covadonga. Aunque se ha admitido siempre que se dio esa batalla y no hay por qué dejar de admitirlo. Pelayo se liga a Covadonga pero no sabemos la importancia de la batalla. Quizá no tuvo mucha trascendencia en sí misma pero posiblemente para las generaciones posteriores fue importante. La resistencia vence a los musulmanes, que de esa forma no pueden quedarse en Gijón, que era su gran fortaleza. Una fuerza de resistencia y ahí empieza lo que más adelante se llamó Reconquista. En aquel momento no era una Reconquista, era sólo una resistencia». añade Luis Suárez. «Hasta Alfonso II no hay una forma de Estado, existe sólo un movimiento de resistencia o como se quiera considerar. La primera vez que se crea un reino y logrando que eso tenga importancia es con Alfonso II cuando se hace el Palacio y se establecen relaciones con Carlo Magno y lo que está pintando entonces en Europa. Esa es la novedad». El historiador asturiano destaca que «hay conciencia de que se están defendiendo como en otros valles o lugares del norte de la Península donde los mulsulmanes o no son capaces de llegar o de montar una colonización. En cuanto a la restauración de Abamia, me parece bien, con su polémica pero, ¿cuándo no hay polémica?».

Por su parte, Faustino Menéndez-Pidal, miembro de número de la Real Academia de la Historia, considera que «Pelayo es una figura histórica y también mítica porque en su tiempo no tenía el valor que después logró. Mítico no quiere decir que sea falso. Existe constancia histórica pero ligera y a partir de hipótesis porque entonces sin duda habría otras personas destacadas aunque al final todo aquel contexto se cifra en sólo una. De estarse viviendo entonces problemas, como obviamente había, habrían surgido asimismo otras personas destacadas pero todo eso se ha acabado centrando en una. Es la hipótesis más lógica. Y la batalla de Covadonga, lo mismo. Si duda se produjeron muchas escaramuzas pero todo se centra al final en Covadonga. El triunfo cristiano se centra y cifra sólo en una y, claro, parece exagerado». En relación a la cruz de Pelayo, opina que «hay que tener en cuenta tanto la cruz como la joya. Todos los caudillos cristianos tenían, como lo que hoy llamaríamos bandera, una cruz. A los asturianos los imitaron los reyes de Pamplona. De eso hay testimonios escritos irrebatibles. Y de ahí nace la costumbre de hacer cruces votivas. Había muchas. Lo que sin embargo está ya un poco fuera de la realidad o de la lógica es considerar las armas del Principado, la cruz, como resultado de la enseña de Pelayo y no de la joya», «no se puede hablar de reino» en referencia a la realidad asturiana del siglo octavo «ese término como todos, no ya el término sino el concepto, ha variado muchísimo. Reino viene de rey, claro, y las diferencias son enormes. Entre Felipe II y el actual rey de los belgas las diferencias son abismales y sin embargo a todos los llamamos rey. Pues con un reino pasa lo mismo. En ese momento no hay concepto de reino. Existe el jefe o caudillo o guía de un pueblo. No hay otra idea. Ni se puede hablar de un territorio delimitado. Esas ideas son muy posteriores».

Manuel Fernández, catedrático emérito de la Universidad de Salamanca, cree que «por supuesto Pelayo se convierte en algo mítico pero con un trasfondo real e histórico. Hay enfrentamientos entre las fuerzas del emir musulmán y un caudillo de la nobleza visigoda que es Pelayo. Asturias se convierte en el último reducto con una historia heroica. Las fuerzas en liza quizá no fueron de gran magnitud, unas avanzadas de caballería árabe y un puñado de aguerridos soldados visigodos que acompañaban a Pelayo con algunos montañeses astures. Pero el hecho es real, no cabe duda, y la resonancia es inmensa pues cambia el panorama, los que cedían pasan a avanzar», destaca que «los árabes no estaban tan a gusto en Asturias como en Andalucía. La expedición que entró en Asturias era reducida y tras ese revés y las montañas y la humedad vieron que aquello no era lo suyo. Estaban desambientados y si a eso se suma la acción de los hombres, sea el enemigo visigodo que quería su tierra o los asturianos pues acabaron abandonando unas tierras que no les decían nada. Se repliegan al sur del sistema central y quedará como tierra de nadie lo que ahora es Castilla León». Manuel Fernández subraya que «los visigodos son derrotados en Guadalete sin apoyo de la población hispano romana. Sólo esa falta de apoyo explica una derrota tan fulminante. No es un pueblo sino apenas una cúpula militar visigoda la que es vencida. En el caso de Pelayo es al revés. Los astures están al lado del grupo visigodo que dirige Pelayo y ahí empieza la línea de continuidad real de la España cristiana y medieval. La evolución secular que les lleva primero a León. Pura continuidad, no se hablará ya de godos y de hispanorromanos. Ahí es donde se conjuntan y compenetran y fusionan los dos pueblos, la élite visigoda militar y aristocrática y el pueblo y en este caso el pueblo asturiano. Covadonga es un mito pero no una falsedad o un espejismo». Respecto a Abamia, Manuel Fernández considera que «la avala la tradición y eso tiene un valor. A veces en todas estas cosas hay bases falsas pero suelen arrancar de hechos reales y en este caso la tradición es aceptable siempre y cuando documentalmente no se demuestre que los supuestos restos de Pelayo están en otro sitio o que lo que allí se encontró pertenezca a otro personaje. Hay misterios sobre el último momento de la vida de los seres humanos aunque sean muy importantes. Aconsejo prudencia y me remito a los especialistas en el Alto Medievo».

 

 

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